domingo, 8 de junio de 2008

MUJER ROTA



Mujer rota,
mujer de porcelana,
¿A dónde van las lágrimas
que de noche reclamas?
has roto los cristales
de un domingo sin luna
sigilosa,
te fugas en la entrepierna
del humo pasajero.
canta de memoria tu tristeza el organillo
la muñeca de trapo
la escarcha en el sombrero.
Mujer fragil,
decapitada,
te tragaron los lobos
y el adiós es una sombra en la escalera.
¿En qué río encallan tus lágrimas?
¿En qué río tus deseos muertos?

miércoles, 21 de mayo de 2008

FRIJOLES NEGROS

Frijoles negros.
Lluvia.
Ceniza sobre Chaitén.
La garganta pica lo suficiente
para creer que Dios ha muerto.
Y mientras bebo la última gota
del jarabe,
un hombre es subido a la ambulancia.
Santiago ronca la indolencia
y la política se corrompe.
No hay pan para África esta noche,
ni sosiego para el mendigo de Huérfanos.
Allí conozco a uno
que mastica la rabia a diario.
Y nadie, ni siquiera yo
le da monedas.
La próxima vez que lo vea
le diré que pida limosna con pena.
Porque esa es la enfermedad que no aparece en el Auge
y la que realmente tiene filas de espera.
¿Suena absurdo?
Mejor comer frijoles negros con vos
y estornudar tanto como dura el noticiero.

viernes, 16 de mayo de 2008


"Hay tantas cosas, yo sólo preciso dos:

MI GUITARRA Y VOS,

MI GUITARRA Y VOS..."

Jorge Drexler

lunes, 28 de abril de 2008

LLUVIA CUERPOS FRÍOS

Lluvia que mece la noche
canción de cuna y soledad.
¿Por qué caes tímida sobre el asfalto?
¿Por qué asomas tu pena en la oscuridad?
llanto de puta,
puta de llanto,
eres la lágrima que bautiza ciudades
charcos,
cabezas roidas por la mortalidad.
delicia del cielo
silencio profano,
lluvia cuerpos fríos
...de tanto esperar.
si tiritas de tristeza
y se te caen los recuerdos
que no me miren tus ojos
que me pongo a llorar...

lunes, 21 de abril de 2008

CAMINANDO POR LA CALLE, YO TE VI...



Y UN DÍA YO ME ENAMORÉ DE TI...

viernes, 8 de febrero de 2008

LA NOCHE QUE NO ESCRIBÍ

¿Cuántas historias comprimidas habitan nuestros edificios?
¿Cuántos faroles se apagan para poder oírlas?


Un señor que arde en cigarrillos corrientes a las tres de la madrugada,
asomada su cabeza en la ventana del cuarto piso.
Un peluquero de ojos claros, calvo y gay que pasa el día detrás de una perra porfiada, chascona y pequeña, con un pinche rosa en la cumbre de la cabeza y a la cual llama “Luli”.
Un sonido agradable, tal vez proveniente de un pasaje olvidado de la infancia:
la monocorde fricción de la escoba contra el asfalto.
El motor del camión de la basura en la esquina de Mosqueto.
Las músicas de Madonna en el edificio de enfrente, tarareadas por seres sin rostro.
La silueta a contraluz de una mujer joven que mira hipnotizada las peleas de travestis y borrachos, en la hora sin sombra.
El guardia macizo y su vuelta de rutina para vencer el sueño.
El quiltro que ladra enfurecido contra las voces estridentes de jóvenes con tufo a piscola.
Mi conserje y sus risas frente al televisor en blanco y negro.
Su cara amable frente al aparato viejo y sin antena que emite el peluseo de “Morandé con compañía” o las historias freaks de personajes verdes al estilo de “Hulk” o “Frankestein”, en el horario de trasnoche.
La mujer misteriosa que se deshace en orgasmos perfectamente plagiados de Meg Ryan en la película “Cuando Harry conoció a Sally”.
El hombre que sigue siendo un fantasma…
Las carcajadas violentas de un grupo de amigos.
El llanto mudo,
cáscada sobre la almohada
El par de tipos que discute sobre abortar o no el hijo que ella espera.
El silencio indolente de la noche estrellada.
Los ojos extraviados del cuidador de autos.
Las conversaciones en voz alta de un grupo de pokemones tomando cerveza en la vereda.
El estallido de una alarma de automóvil que nunca tiene dueño.
El culli invisible que construyó su jaula en la cabeza.
La poesía de Gonzalo Rojas proyectando colores rojos
Sobre la voz doliente de Nick Drake.
La alfombra verde y su diálogo insomne
Las historias flotando en el vaivén de una vela
Los deseos como cráteres de una ciudad siniestra.
El vino y la conciencia:
Susurros que como una máquina de escribir
Teclean arlequines y versos
En el cuaderno de croquis que nunca compré.

viernes, 18 de enero de 2008

LA NOVIA DE BAGDAD



La primera vez que Zafiro miró el cielo, éste lucía como una camisa de color púrpura. Tenía siete años. Y al oír el bombazo en la lejanía, lo primero que pensó fue que la tierra se caería a pedazos sobre su bicicleta de metal.
Desde entonces que llevaba los ojos como comidos. Incapaz de volverlos a la bóveda grisácea de su Bagdad natal, sólo los entrenaba para recolectar cartuchos de balas vacíos.
"Cuando oigas el estallido, lánzate al suelo", le había dicho su madre después de que Zafiro le confesara con los ojos rotos, que el remezón sideral había matado a la vieja panadera de la que nunca se aprendió el nombre.
Ahora es viernes 11 de enero. El termómetro está bajo cero en Irak y sus manos cazan copos de nieve con la esperanza de que la lluvia blanca no se ensucie cuando caiga.
Dispersos manchones gélidos, blancos y gruesos le mojan la nariz. Zafiro sonríe pensando en un cuento de Christian Andersen que asocia a la nieve con augurios de paz.



Los irakíes nunca había sentido un frío tan agradable. La nieve les parece un espectáculo maravilloso. Tan maravilloso como un cuadro de Van Gogh.
Por primera vez en 100 años, Irak viste velos blancos y sus veredas están prácticamente despobladas de fuerza armada. La gente sale sin temor a la calle. Se mira las caras. Se dispara sonrisas con aroma a Navidad. Es viernes y no caen lenguas de fuego en la vieja Bagdad. En distintos puntos del país, la guerra y la violencia se congelan en el uniforme del soldado que se calienta entumido las manos en una fogata.
Ni atentados, ni bombas, ni choques de tribus armadas. Tan sólo escarcha en el cabello del viejo que cose bastas de pantalones a la vuelta de la cuadra.
Zafiro es uno de los tantos niños que juegan a hacer figuras con la nieve. Por primera vez se siente como el oso polar del comercial de Coca-Cola. No le importa que sus dientes tiemblen. La tregua es una novia que taconea y se abre paso en las curvas de la memoria.



La bóveda no grita. Sólo llora de felicidad. Húmeda, es una eterna luna de miel en las alturas. Un cisne de cuello largo. Una vela de primera comunión. Las almas están calmas. La nieve se derrite en charcos grises cuando se estrella en el piso. En las manos de los entusiasmados espectadores, no hay más que concentradas dosis de felicidad.
Desde 1909 que el cielo de Bagdad no lloraba de tanta alegría, recordó la madre de Zafiro. La meteoróloga de la tv dice que la culpa de la nevazón la tienen dos capas: una fría y seca proveniente de Siberia y una templada y húmeda que habría venido del Mar Rojo.
A Zafiro no le importa. Con los ojos llenitos de azul corre tras los copos que dispara la bóveda que otrora oyó estallar. Hoy no teme mirar al cielo. Con una sonrisa poblada de jazmines, su única preocupación es que la lluvia blanca no se ensucie cuando caiga.
"He mirado los rostros de las personas y todos estaban atónitos" explicó con sorpresa Hassan Zahar de 60 años a los diarios locales, el pasado 11 de enero. Como Zafiro, es una de las tantas almas que esa noche se imaginó durmiendo en un castillo de cristal.